3 Consejos para Convivir con la Enfermedad Crónica

La enfermedad que no tiene cura, también conocida como enfermedad crónica, puede surgir de forma inesperada, teniendo en la mayor parte de los casos, un impacto negativo y abrumador en la vida de una persona.

No es fácil convivir con la necesidad de tomar medicamentos todo el día o con la necesidad de necesidad de ayuda para realizar tareas del día a día, sin embargo para convivir mejor con la enfermedad existen ciertas actitudes físicas y mentales que pueden ser de gran ayuda. Así, algunos consejos que pueden ayudar a convivir mejor con la enfermedad pueden ser:

1. Enfrentar el problema y conocer la Enfermedad

Acostumbrarse con la enfermedad y afrontar el problema puede ser el primer paso para aprender a convivir con la enfermedad. Muchas veces tenemos tendencia a ignorar la enfermedad y sus consecuencias, sin embargo, esto sólo retrasa lo inevitable y acaba por causar más estrés y sufrimiento a largo plazo.

Por lo tanto, estar alerta sobre lo que está pasando, investigar a fondo la enfermedad y buscar cuáles son las opciones de tratamiento disponibles son actitudes que pueden hacer toda la diferencia, ayudando a afrontar el problema. Además, otra opción es ponerse en contacto con otras personas que también tengan la enfermedad, ya que sus testimonios pueden ser esclarecedores, de consuelo y de gran ayuda.

La recogida de información sobre la enfermedad, ya sea a través de libros, internet o incluso a los especialistas, es una parte importante del proceso de aceptación, pues ayuda a entender, comprender y aceptar la enfermedad. Recuerde y acepte que su vida ha cambiado, pero no ha terminado.

2. Encontrar el equilibrio y el bienestar

Encontrar el equilibrio es fundamental, tras aceptar la enfermedad, ya que aunque la enfermedad puede comprometer el estilo de vida y las capacidades físicas, debe recordar que sus capacidades mentales y emocionales que no han sido afectadas. Por ejemplo, puede no ser capaz de mover un brazo, pero aún es capaz de pensar, organizar, escuchar, preocuparse, sonreír y ser amigo.

Además, también es necesario integrar de forma equilibrada todos los cambios en su estilo de vida que la enfermedad puede traer, como la medicación, cuidados diarios o fisioterapia, por ejemplo. Aunque la enfermedad puede cambiar la mayor parte de las circunstancias de la vida, ella no debe controlar su vida, sus pensamientos y sus emociones. Sólo de esta forma y con este pensamiento, se puede encontrar el equilibrio adecuado, que va a ayudar a vivir de forma saludable con la enfermedad.

3. Recupere el control de su vida

Después de enfrentar el problema y encontrar el equilibrio en su vida, ha llegado la hora de recuperar el control. Comience por averiguar lo que no puede hacer, y tomar decisiones: si todavía se puede y se debe hacer o si quiere continuar con el haz de él, aunque eso implique hacer de manera diferente. Por ejemplo, se dejó de mover los brazos y ya no puede atar los cordones de los zapatos, puede elegir dejar de utilizar tenis o zapatillas con cordones, puede optar por pedir la ayuda de alguien que lo haga en su lugar, o puede optar por aprender a atar los cordones de los zapatos sólo con una mano. Por lo tanto, siempre debe establecer metas (razonables), que cree que puede lograr, a pesar de que esto demore algún tiempo y requiere algo de dedicación. Pues esto le dará una sensación de logro y ayudar a restaurar la confianza en uno mismo.

Así, es fundamental no vivir orientado sólo a la enfermedad y sí apostar en actividades que puede desempeñar y que le dan placer, como escuchar música, leer un libro, tomar un baño relajante, escribir cartas o poemas, pintar, tocar un instrumento, hablar con un buen amigo, entre otras. Estas actividades ayudan a que tanto el cuerpo como la mente, pues promueven momentos de relax y de placer, que ayudan a vivir mejor y a reducir el estrés. Además, recuerde que los amigos y familiares siempre son buenos oyentes, con los que puedes hablar de tus problemas, miedos, expectativas e inseguridades, pero recuerde que las visitas no sirven sólo para hablar de la enfermedad, siendo por ello importante es trazar un límite de tiempo para hablar de ella.

Aprender a convivir con la enfermedad es un proceso delicado y lento, que requiere mucho esfuerzo y dedicación. Sin embargo, lo importante es nunca perder la esperanza y creer que con el pasar del tiempo, las mejoras serán visibles y que el día de mañana ya no será tan difícil como el de hoy.

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